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SALUD CARDIOVASCULAR E INGREDIENTES FUNCIONALES DE LA DIETA

Jesús Román Martínez Álvarez

Facultad de Medicina. Universidad Complutense. Madrid.
Presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA).

En los países desarrollados, e incluso en aquellos en vías de desarrollo, la preocupación de las autoridades sanitarias es creciente en lo que se refiere a las principales causas de mortalidad. La verdadera novedad en este ámbito durante los últimos años es la tendencia a considerar las patologías más frecuentes (obesidad, cardiopatía isquémica, hipertensión, diabetes, osteoporosis…) no como sucesos aislados e independientes, sino más bien como distintas caras de una moneda demasiado frecuente: un estilo de vida inadecuado que se extiende durante gran parte de la vida del paciente e, incluso, desde su infancia o la época perinatal. En este estilo de vida, que propiciaría la aparición y el aumento de la mortalidad y morbilidad por las patologías citadas, serían determinantes la composición del conjunto de la dieta (incluyendo la presencia o no de determinados elementos no nutritivos) y el grado de actividad física.

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FITOSTEROLES

Dr. Pedro Mata

Unidad de Lípidos. Servicio de Medicina Interna. Fundación Jiménez Díaz. Madrid.

Las enfermedades cardiovasculares representan el mayor problema de salud en nuestro medio. La enfermedad coronaria o cardiopatía isquémica (CI) es la complicación clínica principal de la aterosclerosis, lesión vascular que se produce por la interacción entre el colesterol transportado en las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y las células sanguíneas y de la pared vascular. La evidencia epidemiológica de que el colesterol plasmático y particularmente el cLDL tiene un papel causal en el desarrollo de la aterosclerosis se ha establecido en tres estudios históricos. El primero, el estudio de los Siete Países, demostró que la mortalidad por cardiopatía isquémica puede predecirse con el conocimiento de las concentraciones plasmáticas de colesterol en un determinado país. Además, se observó que las diferencias entre el consumo de grasas saturadas se correlacionaban con las concentraciones de colesterol y con el riesgo de cardiopatía isquémica en diferentes países (1). El segundo estudio demostró que la relación entre el colesterol plasmático y la cardiopatía isquémica es gradual y continua, especialmente con concentraciones de colesterol superiores a 200 mg/dl (2). El tercer estudio de investigación, el estudio del corazón de Framingham, se inició antes que los otros dos. Su objetivo fue identificar los factores comunes que contribuyen al desarrollo de la enfermedad coronaria en un grupo de más de 5000 hombres y mujeres. Después de un largo periodo de observación se demostró un mayor riesgo de cardiopatía isquémica en las personas con concentraciones plasmáticas elevadas de colesterol (3).

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